[[ Este fue escrito para una competencia en un foro bastante bueno, aunque no fue utilizada aqui esta el link para los que esten interesados: http://metatextos.blogspot.com/index.html ]]
Un hombre se encuentra sentado con una pierna estirada y la otra encorvando su rodilla, esta recostada contra una pared que protege un respirador, el cual no esta funcionando por el momento, sus aspas no se mueven. Levanta su mano, acerca el cigarrillo a su boca, “Sal”, dice lentamente antes de liberar el delgado humo grisáceo que ligeramente sube en el aire jugando con la imaginación del sujeto mostrando formas y fantasmas. Vuelve a colocar el cigarro en sus labios, y tras fumarle un poco, se dibuja una sonrisa en su rostro, su cabeza esta cubierta por un capuchón, una pesada capa cubre todo su cuerpo de la lluvia ligera, pero fría. “Es un buen día para morir”, dice y después alza un gran rifle con un telescopio cubierto por un vendaje de una tela gris, libera el seguro y baja las tres extensiones que tiene el rifle a modo de tripie, frente a la punta de su bota, se encuentra el borde del piso, muy abajo se observa una calle, donde la gente camina regularmente a ambos lados sobre la banqueta y los carros siguen un trafico normal, todo indica que se trata de un día como cualquier otro, pareciera imposible pensar que en una mañana fría con una lluvia ligera que refresca la ciudad renovando todo a su paso, el narcotraficante mas poderoso de México, este desayunando en un restaurante común y barato.
Del lado contrario de la acera, una camioneta Lobo Harley Davidson con rines cromados y cristales oscuros se estaciona frente a un local de comida italiana, del vehiculo salen dos hombres que visten un traje gris claro y gafas para sol, uno de ellos se interna en el local, mientras el otro sujeto abre la puerta, del edificio sale un grupo de hombres, 2 mas uniformados con el mismo traje y gafas, y 2 mas, un hombre pelón con barba negra y una traje negro con corbata roja, y su hijo.
En lo alto del edificio, el hombre retira el protector del lente, se percina y dice “Cuando llegues con el señor…” Tres disparos cortan el aire, el ruido es amortiguado por el silenciador de 10 cm en la punta del cañón y la lluvia, “…dile que no mereces entrar, monstruo” los escoltas presentan sus armas, el hijo llora a su padre, un hombre se desangra en el suelo, con un disparo en la frente, uno en el pecho y uno el cuello.
Quien hubiera pensado que una mañana como cualquiera, el mayor narcotraficante de México, se convertiría en la 8va victima de aquel justiciero anónimo que simplemente se llama a si mismo con el seudónimo de: Robin Hood, enemigo de los enemigos del pueblo.
domingo, noviembre 12, 2006
Heroe Anonimo
Labels: cuentos cortos, José Alcala
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